Las excavaciones que buscan dar con la familia Gill en la Estancia La Candelaria de Nogoyácomenzarán a realizarse el 5 de febrero, según confirmó a AHORA el fiscal de la causa, Federico Uriburu.
Será tres semanas después de que se cumplan 16 años de la misteriosa desaparición-el 13 de enero próximo-.

Los seis integrantes de la familia Gill vivían en el mismo campo donde el padre realizaba labores de peón, en la estancia de Alfonso Goette, recientemente fallecido en un accidente de tránsito.

Allí desaparecieron de un día para el otro sin dejar rastro, el 13 de febrero de 2002. En octubre de 2017, un contratista rural que trabaja en ese campo habló con la Justicia y contó cómo Alfonso Goette, patrón de la estancia, le había hecho hacer varios pozos en una zona del campo, pocos días antes de que a los Gill no se los viera nunca más.

EL CASO

José Rubén “Mencho” Gill, de 56 años en aquel momento; su esposa, Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos, María Ofelia, de 12; Osvaldo José, de 9; Sofía Margarita, de 6, y Carlos Daniel, de 2, desaparecieron el 13 de enero de 2002.

La familia completa vivía en La Candelaria, el campo donde el hombre trabajaba como peón rural de Goette. Mecho Gill fue visto con vida por última vez en el velorio de un amigo el 13 de enero de 2002, en Viale.

Tres meses después de su desaparición, el 3 de abril, recién el dueño del campo, Alfonso Goette, fue a la casa de Luisa, una hermana Gill, y preguntó ellos. Allí, dijo que habían salido de vacaciones y nunca habían regresado. La familia no le creyó y piensa que el fallecido estanciero fue el responsable de la desaparición.

En el galpón que funcionaba como casa de la familia dentro de La Candelaria, no había indicios de que hubieran salido de vacaciones, porque allí estaban sus documentos, ropa, pertenencias. Además, la esposa de Gill dejó sueldos sin cobrar en la escuela donde trabajaba.

En principio la Justicia le creyó a Goette y su historia de las presuntas vacaciones. Luego, un año y medio después de la desaparición, ocurrieron las primeras pericias en el campo, pero sin resultados positivos. También se tomaron testimonios y hubo control en las fronteras. Siempre sin datos.

María Adelia Gallegos, madre de la esposa de Gill y abuela de los niños, opinó que “el error es buscarlos vivos, porque ellos ya están muertos y enterrados. Para mí tienen que buscar donde vivían, en el campo de Alfonso Goette”.