Para los de treinta y pico y un poco más, su nombre significa muchas cosas, más allá del paso de los años. Su larga cabellera, cuando usar pelo largo era prácticamente revolucionario (sobre todo para un docente), sus intervenciones artísticas en la Avenida San Martín (¿quien no recuerda los pinos convertidos en árboles navideños todos los diciembres?), su mente abierta y su recordada “Casa del Arte”, fueron su sello personal que lo trascendieron.

Aníbal D’Agostino, de él se trata, no fue un tipo cualquiera. Su paso por este mundo dejó huellas y  marcas que hasta el día de hoy son imborrables.

Esta semana llegó a nuestras manos una frondosa carpeta donde figuran antecedentes, fotos, recortes periodísticos y un sinfín de notas sobre Aníbal: Desde cursos que se dictaban en la Casa del Arte, hasta presentaciones de libros, exposición de pinturas y muestras al aire libre.

En la primera carilla que exhibe esa carpeta aparece un recorte del semanario “El Observador” de 1.986, donde se ve a unos chiquitos vialenses modelando arcilla blanca y a otros niños incursionando en técnicas con rodillo, papel y pintura. Al costado del recorte periodístico, una frase escrita por el propio Aníbal con una vieja Olivetti: “Estamos educando a quienes serán los protagonistas de una sociedad basada en la creatividad”.

Y allí quizás radique una de sus principales características: Aníbal fue un tipo que siempre miró para adelante desde la creatividad. Y no sólo en sus trabajos, sino en su vida: Cuando se convirtió en Rector de la Escuela Secundaria de Tabossi, propuso (y concretó) algo que le generó mucho ruido el primer año de su implementación: Hacer la tradicional  Fiesta del Estudiante pero sin alcohol. ¿A quien se le ocurriría que los chicos de la escuela secundaria festejen una primavera sin bebidas alcohólicas? Aníbal tiró la idea y pese a algunas miradas desconfiadas que generó al principio, su iniciativa pudo ser implementada durante dos años. Así, Tabossi fue protagonista de la primera Fiesta del Estudiante sin alcohol, una idea que por entonces repercutió en varios lugares de la provincia.

Pero hacerse cargo de una Escuela Secundaria le insumía demasiado tiempo y energía. Por ello, a los pocos meses de asumir en el cargo directivo, le propuso al Municipio de Viale que  continuara con La Casa del Arte. Su objetivo era que la ciudad no perdiera ese lugar.  Aníbal solicitó al Municipio de entonces que se hiciera cargo de algunos gastos mensuales que insumía La Casa del Arte, ya que él no podría con la Escuela y su centro cultural.

Sin embargo, su propuesta no obtuvo el visto bueno a nivel municipal, por lo que dicho lugar (que  ya contaba con reconocimiento regional) se vio obligado a bajar persianas. Así, la ciudad de Viale se perdía una gran usina generadora de ideas.

Aníbal murió a los 40 años en un trágico accidente ocurrido el 5 de septiembre de 1998. No sólo el mundo del arte lloraba a uno de sus principales referentes. La ciudad toda acababa de perder  a un hombre que demostró con hechos concretos que la idea de ser protagonistas de una sociedad basada en la creatividad, era posible.

Fabricio Bovier