Comenzó con el cigarrillo; siguió con la marihuana y el alcohol. Y, más temprano que tarde, llegaría la cocaína.

Así lo cuenta, bien clarito y muy directo:

“Uno comienza con una joda, entre amigos, como una chacota. Y con el tiempo, te das cuenta que ya no lo podés dejar. Uno se engaña a si mismo. Cree que va a cortar cuando quiere, cuando tenga ganas. Pero es una mentira que uno se hace a sí mismo. Seguís consumiendo y todo es cada vez más difícil”.

“Hasta que tocás fondo, llegas a un punto de quiebre y decidís salir de una vez por todas. Es cuando notas  que has involucrado a tu gente, a tu familia. Cuando te das cuenta, te fuiste aislando y perdiendo cosas”.

“Todo adicto tiene un momento de quiebre donde dice: ‘Yo a esto lo quiero dejar, esto me está pegando mal, y necesito ayuda’. Pero lo más difícil es pedir ayuda, reconocerlo. Por miedo a que te juzguen y te señalen. No es fácil asumirlo”, explica.

Quien lo cuenta es Edgardo, un muchacho vialense que –como él reconoce- un día tocó fondo, tuvo su punto de quiebre y ese mismo día decidió pedir ayuda.

Hay personas que han  logrado superar su adicción mediante una internación. Otros a través del deporte. Algunos, con ayuda psicológica. Pero en todos los casos (absolutamente, en todos) lo fundamental es la propia voluntad y las ganas de salir adelante.

En el caso de Edgardo, además de su voluntad, reconoce que su fe en Dios tuvo mucho –muchísimo- que ver. Si bien fueron incontables veces y distintos momentos en que se dijo: “Yo a esto lo dejo”, volvía  a caer. Una y otra vez.

“Lo que a mí me sacó adelante fue la parte espiritual. Lo que nos pasa a los seres humanos es el  vacío que tenemos. A veces logramos cosas como un título, un bien u otra cosas, pero sentimos que ese vacío sigue en nosotros.  Y eso se llena con la parte espiritual. Algunos buscan llenar ese vacío con drogas o con otras cosas. Y el vacío que yo tenía se comenzó a llenar con Dios. Eso me dio fuerzas para no volver a consumir y a esquivar las situaciones donde uno termina consumiendo”, explica.

Hoy, después de nueve años de haber dejado atrás su adicción, el muchacho brinda su testimonio a quien quera oírlo. Lo ha hecho en escuelas y en iglesias. Cuenta su experiencia a otros jóvenes, para que no caigan en la trampa, o para ayudar a salir a aquellos que están atravesando una adicción.

“Un día, tu vida comienza de nuevo. Dios me dio fuerza para salir adelante, para retomar otras cosas que había dejado. Fue todo un proceso, pero Dios me sanó y me restauró”.

De nuestra parte, no mucho más que agregar.  Sólo, darle las gracias a Edgardo por animarse a compartir su testimonio. Y, principalmente, por estar predispuesto a dar una mano a otros jóvenes que hoy no la están pasando nada bien.

(Para quienes deseen contactarlo por Facebook, su cuenta es: Edgardo Reisenauer).