Hoy es el día del militante radical, era la fecha propicia para visitar a Mary y Rubén, los padres de Emiliano Wollenberg, un joven militante que dejó una inmensa huella de amor a nuestro partido, de defensa de sus principios y levantó las banderas de la Unión Cívica Radical, de punta a punta en todo el país.

Emi, creció con un arraigo al comité local y observando de cerca la actividad partidaria de sus padres, pero al terminar la secundaria y comenzar la facultad en Santa Fe donde estudiaba ingeniería en informática, fue donde comenzó a participar más activamente en Franja Morada y a llevar adelante sus propias acciones. Le dio tanto lugar a su militancia que incluso el mismo estudio quedaba en un segundo lugar. Y a los dos años, decidió venirse a Paraná y comenzar a estudiar Ciencias Políticas, para continuar formándose en una carrera mucho más cercana a lo que en ese momento ya era su gran pasión: levantar los principios históricos del Radicalismo. Para ese momento, Mary y Rubén habían intentado dejarle paso a su protagonismo y volcaron su militancia en acompañarlo a él en sus nuevos desafíos.

Su carácter conciliador, dialoguista, su facha repleta de simpleza y su firmeza en la defensa del legado partidario, lo hicieron cosechar diversidad de amigos en cada lugar que visitó. Su cabellera rubia y su tez blanca, le hizo ganar los apodos de «el gringo» o «el ruso». Todos conocían su devoción por el club vialero de la loma del que era fanático, llevaba su remera de VFBC a todos lados y no le podía faltar el mate. Tenía sus estrategias para convencer a otros de sus propuestas, como llevar el asado con cuero a cuanta reunión se podía y arrimarse a la parrillita donde el clima distendido, lograba ambientar el sano debate y terminaba ganando adeptos a sus posicionamientos.

Cada espacio conquistado, producto de su capacidad y talento, sumado a las tantas horas dedicadas a viajes y charlas entre correligionarios, lo llevaron a ganar lugares de representación de importante relevancia. Así llegó a ser Secretario General de Franja Morada en Entre Ríos y Miembro del Comité Provincia como delegado de Juventud.

Un día nos sacudió a todos la noticia de un accidente vial que el ruso había protagonizado. Como era de esperar, Emi volvía de una de esas tantas reuniones como militante radical, había ido a una convocatoria a Valle María, estaba con pocas horas de descanso pero decidió volver a Viale porque al otro día debía verse con el propietario de un lugar en Paraná, donde él soñaba crear «La casa de la Reforma». Su pasión por esas metas sagradas de ver a la UCR conquistando cada espacio, lo llevaron sin querer a sufrir ese hecho que lo dejó en estado muy grave y a pelearla por más de 100 días sin que pudiera ganar.

Vivir esos días tan difíciles, también fueron para sus padres, su hermano y demás seres queridos, la oportunidad de dimensionar lo que era Emi para tantas personas que ellos solo escuchaban nombrar en sus relatos sin conocerlos. Cada día recibieron mensajes, llamados, visitas de infinidad de personas que de todos los puntos del país, se preocuparon y ayudaron al gringo desde los lugares que podían. Sería imposible sintetizar todo el amor que recibieron en esos momentos tan duros, viendo la cosecha de esa siembra generosa que había hecho Emi sin darse cuenta. Él había plantado una semilla de amistad, a través de la militancia, en cientos de dirigentes, referentes, militantes, correligionarios y también adversarios políticos, que lo admiraban y estimaban y que estuvieron presentes en toda esa lucha.

Miles de anécdotas envuelven la historia de vida militante del Emi, desde los asados en medio del campo, los partidos de la V azulada en los que hacía venir a sus amigos radicales a disfrutar de buen fútbol en su Viale natal, hasta las zapatillas envueltas en nailon pisando la nieve en el sur del país y a la par de algún intendente que lo recibía con honores.

Orgullosamente radical y vialero, Emi, fue un gurí que amó su pueblo. A pesar de que pudimos disfrutarlo poco porque Dios se lo llevó demasiado pronto, dejó un respetuoso ejemplo de madurez, compromiso, principios, ideas, pero también de humildad, de sencillez, de honestidad inigualable para pararse con sus cortos años ante aquellos que creen que la edad es un factor determinante para la importancia de los aportes que un radical pueda hacer. Emi fue un exponente de militancia, de patriotismo, de responsabilidad con la República y sus valores, un representante de nuestros principios radicales en el país entero.

Sus padres, a veces sonrientes, a veces con lágrimas, me regalaron el privilegio de conocer un poco más de él y acrecentar mi admiración por este gurí al que siempre le pido en silencio que acompañe mis pasos en gestión, para que sigamos otros levantando las Banderas por las que él luchó.

Les conté que cuando visité el comité nacional el día del lanzamiento de la red de legisladoras radicales, decir que era de los pagos de Emiliano Wollenberg fue suficiente para que una ensordecedora ovación interrumpiera mis palabras. Ver su placa homenaje en ese lugar emblemático, a la par de nuestros grandes próceres radicales, me hizo reflexionar sobre lo que quizás en su propia ciudad no hemos hecho y es tomar real dimensión de lo que fue Emi, del orgullo que debemos sentir por lo que logró.

Hoy, un aula de la facultad de humanidades de Paraná, lleva su nombre, un hecho histórico, ya que no es algo muy común que se elija el nombre de un alumno para bautizar el aula de una universidad. Pero así de grande fue Emi.

«Nosotros estamos orgullosos de Emiliano, solo nos quedó cosechar lo que él en su corta vida sembró», las palabras de su mamá lo dicen todo.

En tu memoria Emi, mi humilde homenaje, y mi compromiso en no dejar claudicar jamás los principios innegociables de nuestra amada UCR.