(Escribe: Yohana Fucks)

Visité a Emir Alud, un joven de gran talento artístico, que con sus 26 años de edad, ya ha cosechado muchas experiencias gratificantes dentro del ámbito musical.

Emir, comenzó su amor por el trombón cuando tenía 17 años. Antes había incursionado en la percusión, aprendiendo a tocar la batería.

De pequeño le gustaba ir a dibujo al taller municipal y ya más de adolescente, comenzó a asistir y formar parte de la banda de música. «En mi familia solo un hermano de mi viejo tocaba el acordeón, lo mío no tiene que ver con ser de familia de músicos. De hecho cuando terminé la secundaria, comencé la carrera de ciencias políticas, porque era más fácil sentirme acompañado en una carrera más convencional». Sin embargo, apenas rindió el ingreso, decidió que iba a estudiar algo relacionado a su pasión musical.  En ese tiempo comienza a tomar clases con Martín Bustos, quien luego lo invita a participar de una banda de Salsa, ritmo que ama. 

Así, se inscribe un tiempo después en la Escuela de música de Paraná y estudia la Tecnicatura en Música, con especialidad en trombón, a cargo del profesor Rubén Russo.

En el año 2016, vivenció su primer participación en «Tombronanza», proyecto que inició hace 21 años a cargo del músico Rubén Carughi quien es su maestro, con quien toma clases actualmente en el Instituto de Música de la UNL de la ciudad de Santa Fe. Una experiencia de una semana de clases intensivas a cargo de 20 a 25 maestros de todo el mundo. Esta actividad se realiza una vez al año y según su descripción es muy gratificante todo lo que se aprende.

En estos años ha disfrutado de diversidad de participaciones en bandas, espectáculos y shows que destaca como muy movilizadoras. Forma parte de Santa Fe Jazz Ensamble JUNIOR, y de Santa Fe Jazz Ensamble, dos Big Band de Jazz de la ciudad de Santa Fe y también participa de la PARANÁ BIG BAND, una orquesta de Jazz que se desarrolla en la ciudad que lleva dicho nombre la agrupación. Un espacio maravilloso donde se cosecha una fascinante experiencia.

Además destaca haber podido formar parte de bandas como la de «12 Monos», o del grupo de Coty Hernandez; musicalizar el despliegue de color y danza en los carnavales de Gualeguaychú en diferentes comparsas, o uno de los momentos más increíbles que fue ser sesionista en 3 presentaciones de Los Palmeras junto a la filarmónica de Santa Fe ante más de 40 mil personas, en San Vicente, Corrientes y Carlos Paz: «Yo tocaba el trombón y lo tenía a Cacho Deicas a 2 metros cantando, ante una multitud de gente ovacionando. Fue una locura vivir eso».

Actualmente trabaja dictando clases en la ciudad de Bovril, en el barrio conocido como del «volcadero» en Paraná y trabaja en distintos shows del grupo de cumbia «La grupera».

«Soy muy consciente que puedo hacer esto porque tengo una familia que me ayuda y que me permite solventar gastos fijos que (aun) solo con los trabajos en música no podría afrontar», me expresó. Pero inmediatamente dijo «igual sueño con llegar a concretar un proyecto propio y poder lograr los ingresos necesarios para vivir mi vida, trabajando solo de la música».

Cuando le pregunté sobre cómo se podía ayudar a acercar a más niños y jóvenes a la música, me dijo «no sé si estoy capacitado para opinar, pero me parece que es fundamental que en cada barrio lleguen las clases de música y también los espectáculos. Y no solo los de determinado ritmo dependiendo la zona y las preferencias de los vecinos, porque hay muchos que desconocen otros ritmos y por eso quizás no los disfrutan. Darles la oportunidad de escuchar y conocer diferentes estilos musicales y ponerlos en contacto con distintos instrumentos, puede abrir un mundo de posibilidades geniales para muchos que aún nisiquiera saben que tienen el talento. Soy agradecido con la escuela municipal, por todo lo que me brindaron siempre. A cada profesor que pasó por mi formación y a todos los músicos de los que aprendo tanto. Cuando te pagan por hacer lo que disfrutas, te divertis y divertis a la gente, es el trabajo perfecto».