(Escribe: Fabricio Bovier)

“Me fallé tantas veces que ya no quiero volver a fallar. Ni a mí, ni a quienes me rodean”. Hernán se había cerrado tanto y tanto era lo que había buscado evadirse a través de las drogas, que se fue olvidando de a poco de su familia, de sus amigos, de sus cosas. En realidad, de todo y de todos.  Se olvidó hasta de él.

Sin embargo, un lunes y por segunda vez, decidió hacer un cambio drástico en su vida. Una mañana le pidió a su familia que lo llevaran nuevamente a la Fundación “Aprender a vivir” de Concepción del Uruguay. Estaba decidido a empezar otra vez. Ya no quería fallarse ni fallarle a los demás.

Y ese mismo día, cuando tomó la decisión, su vida comenzó a cambiar.

“Me había olvidado hasta de cómo se oraba. No me salían las palabras de mi boca. Pero esos primeros días en Concepción del Uruguay, fueron apareciendo en mi camino distintas personas que me hablaban de Dios. Así, en un determinado momento comencé a orar, a pedir y a agradecer. Hoy lo hago todos los días. Cada mañana, al despertarme, lo primero que hago es arrodillarme y orar”, cuenta Hernán Schwindt.

El fin de semana previo a pedir ayuda, Nancho vivió en su casa una situación extrema, límite. Y eso fue lo que lo llevó a buscar un giro en su vida. “Me pasé todo ese fin de semana encerrado y en un momento determinado comencé a ver imágenes horribles por la ventana. Me asusté mucho y a partir de ese momento decidí gritar por ayuda”.

“Comencé a ver cosas espantosas en la pared y sentí que me volvía loco. Mi cabeza me pedía que atentara contra mi vida. Pero si moría, yo quería morir consumiendo y no de otra forma. Consumía más y más, y las imágenes se volvían cada vez más fuertes  y espantosas”.

“Yo sentía que había perdido todo y ya no tenía ganas de nada. Creía que en caso de morir, debía hacerlo a través del consumo”.

“Afortunadamente, además de mi familia, también conté con el apoyo de Evelyn, la Psicóloga del grupo ‘Aprendiendo a sobrevivir”, explica el joven en una amena charla con NuevaZona.

Así, paso a paso, pudo ir superando aquellos momentos límites y extremos que vivió tiempo atrás. Hoy trabaja una empresa constructora, se encuentra estudiando y logró recomponer el vínculo con su pequeño hijo y sus padres.

“Ahora estoy en el camino correcto, y es lo que quiero para el resto de mi vida. Al camino equivocado lo elegí durante 17 años. Por eso, ya sé qué es lo que quiero hoy”.

Dentro de dos meses, Nancho culmina sus estudios y se recibe como “Consejero en Adicciones”.

Hoy reconoce que todo este tiempo pudo aferrarse a cosas que son los pilares en su vida y que le brindan luz en cada jornada: Su pequeño hijito Francisco “que está en el cielo”, Dios y su hijo Lorenzo. “Todos ellos, sumado a mi fuerza de voluntad, han logrado que pueda salir adelante. Tiempo atrás, yo sólo veía las cosas malas que me pasaban. Y hoy veo mucho más allá de eso y sé que es lo que realmente quiero para mi vida”.