Así tituló El Diario de Paraná aquella histórica jornada: “Ha sido inaugurado con éxito un suntuoso salón cinematográfico en Viale”.

El 27 de diciembre de 1929 se inauguraba en la entonces Estación Viale el moderno y recordado Cine Gallo. Durante décadas, el lugar fue protagonista privilegiado de encuentros, veladas, reuniones,  películas y amoríos por doquier.

Así redactó la noticia el matutino paranaense en aquella oportunidad: “El acto inaugural consistió en un baile en el cual estuvo representado lo más calificativo del vecindario, como así también elementos de diversas localidades adyacentes”.

Más de noventa años después, el salón de lo que fuera el antiguo cine sigue en pie y ha sido remodelado, conservando las principales características edilicias.

Hoy, las barandas de madera que han sido utilizadas para las escaleras del actual local comercial (Utilísimo) son las mismas del histórico edificio. Y en ellas puede leerse hasta el día de hoy viejas inscripciones, iniciales, nombres y hasta antiguas dedicatorias románticas.

Seguramente, en varias de esas declaraciones de amor se encuentren nombres de nuestros  abuelos.

“Ana te amo”, se alcanza a divisar en uno de los laterales de la antiquísima baranda. “Marcelo por siempre” escribió alguien por allí. “Cata y Fer”, aunque borroso, se puede leer en otro sector de la gastada pinotea.

Dejar grabado para la eternidad los nombres de quienes amamos en algún momento de nuestras vidas ha sido una constante que se repite a lo largo de los años y que atraviesa épocas y modas.

Las declaraciones de amor que alguna vez escribimos en una pared, en el banco escolar o en la antigua baranda de un cine, se niegan a desaparecer.

Hoy, aquellos impulsos románticos de trazos a birome y promesas de amor eterno con tiza siguen vivitos y coleando. Ya no quizás en el viejo paredón del barrio, sino a través de las redes sociales.

Sólo han cambiado las formas, pero no la esencia.

(Fabricio Bovier)