Hace casi cinco décadas un avión con 60 pasajeros protagonizó en Entre Ríos un accidente que pudo terminar en tragedia. A pesar del susto, hubo sólo heridos y ninguna víctima fatal. El hecho conmocionó a Concordia y despertó la solidaridad de su gente

Por Martín Gerlo / Ahora

El Fokker F-28 que sobrevolaba el cielo concordiense se precipitó pasadas las 21 horas, poco antes de aterrizar, presagiando lo peor para los 60 pasajeros que en esos minutos de pánico se encomendaron a Dios. Transcurrían las últimas horas del 15 de noviembre de 1975 en una Argentina convulsionada, y el recuerdo de la tragedia de Los Andes, ocurrida tres años antes, aún estaba latente en el imaginario colectivo.

Una fuerte tormenta complicó las maniobras del piloto de la nave de Aerolíneas Argentinas que había partido a las 20.15 horas del aeropuerto metropolitano Jorge Newbery, en Buenos Aires, y una hora y diez minutos después se disponía a aterrizar en el norte entrerriano.

De acuerdo a las reconstrucciones posteriores a las que accedió AHORA, todo indica que fue el ala izquierda la primera en impactar contra un árbol, provocando el desequilibrio de la nave.

Las crónicas periodísticas indican que, tras el impacto, el avión dio un giro de 180 grados y comenzó a descender sobre el extenso follaje de la zona, lo que tal vez sirvió para amortiguar el impacto.

Los diarios de la región consignaron el milagro de diversas maneras. «Todos con vida», fue el título de El Heraldo el lunes 17 de noviembre, al lado de una foto que mostraba el estado en que quedó el avión. «Pudo ser una tragedia y sólo fue un susto con dos heridos», consignó por su parte El Día de Paraná, periódico cercano en su línea editorial al entonces gobernador concordiense Enrique Cresto.

La investigación

El mismo domingo 16 de noviembre llegaron a Concordia dos miembros de la Junta Permanente de Accidentes Aéreos, con el objetivo de «establecer las causas» del accidente. Junto a ellos arribaron a la capital del citrus técnicos de Aerolíneas Argentinas, que se dirigieron al lugar de los hechos a inspeccionar los restos de la nave.

Los investigadores accedieron a la «caja negra» del avión y a las comunicaciones que se establecieron con la torre de vuelo del aeropuerto local.

Aunque persistieron algunas dudas, los investigadores no descartaron «la posibilidad de error humano» en el accidente. «El descenso fue normal, hasta que se produjo la caída, pero el sistema de radioayuda es deficiente», dijo a El Día el jefe de la línea Fokker de la empresa estatal, comandante Francisco Antonio Carduz.

La anécdota familiar y el milagro

La historia fue recuperada recientemente en Twitter por la arquitecta Ileana Schinder, en ocasión del aniversario de la tragedia de Los Andes, y renovó el interés por el suceso del que se cumplen 47 años: «En ese avión que se cayó en un bosque de eucaliptus venía mi mamá y mi hermana. Mi mamá venía embarazada de mí. En ese avión no murió nadie. ¿Y cómo fue? Es la anécdota más increíble de mi familia», expresó.

«Salieron todos en caravana a buscar dónde había caído en la noche oscura. Y de la montonera de autos y ambulancias contra la ruta, y la voz de alguien que le dijo ‘Raúl, ahí la vi a tu señora que viene más atrás, con la nena, están bien’ y salieron», cuenta.

Para agradecer, muchos fieles participaron el domingo de una misa «en acción de gracias por la salvación de la totalidad de los pasajeros y tripulantes» en la Catedral San Antonio de Padua. Fue un verdadero milagro.