Las sabias maestras de nuestra Escuela primaria siempre nos enseñaron que todo relato debía contar con un inicio, un desarrollo y un final.

Pues bien, la que sigue es una historia que integra las tres partes, aunque el final se está escribiendo por estas horas.

Veamos de qué se trata la historia de Daniela, Noelia y un reencuentro que tardó varios años en concretarse. Hasta hoy. Porque, claro está, el amor no conoce barreras ni distancias.

“La última vez que la vi, ella estaba en el  Hospital Escuela de Salud Mental y desde ese momento no supe nada más de Daniela”, cuenta hoy Noe en diálogo con NuevaZona.

Ambas se conocieron cuando tenían 9 años. Vivían en el mismo barrio en Paraná y desde ahí se hicieron mejores amigas, inseparables.

La infancia de Dani no fue nada sencilla. Sufrió carencias, soledad y abandono. Vivió desde muy pequeña en una pieza que le alquilaron. Prácticamente, solita tuvo que enfrentarse a la vida.

Con Noe crecieron entre juegos y risas. Al secundario fueron inscriptas en escuelas distintas, pero era tan fuerte la amistad, que en Segundo Año se cambiaron para ir juntas al mismo colegio.

Llegó Quinto Año y con él, el viaje a Bariloche. Dani no podía ir, por no contar con el dinero para  pagarse el viaje. Sin embargo, cosas del destino, la empresa sorteó un pasaje promocional y quien resultó favorecida fue Noelia. Sin dudarlo, se lo regaló a su gran amiga.

Terminaron el secundario y tan unidas seguían, que decidieron inscribirse en la misma carrera: Comunicación. El sueño de Daniela era ser locutora.

Al poco tiempo, hicieron juntas un programa en FM Stop de la capital entrerriana. Se llamaba “Blanco y Negro”. Daniela lo conducía; Noe era su productora. Paralelamente, comenzaron a trabajar: Noe en un pelotero y Dani en una tienda.

Los cumpleaños eran fechas sagradas. Pero un día, Dani no fue al cumple de Noe y ahí comenzaría otra historia…

“Pasaron varios días sin tener noticias de ella, y por eso fuimos a verla a su casita con mi mamá, ya que para mi madre era prácticamente una hija más. Y la encontramos perdida, encerrada, shockeada”, cuenta hoy Noe.

Los años que siguieron fueron una constante: Dani se perdía; la encontraban y al tiempo, otra vez la historia repetida.

“La buscábamos hasta encontrarla, y nuevamente le perdíamos el rastro”. La última vez que la vieron fue en el Roballos (Hospital-Escuela de Salud Mental). Eso fue hace cuatro años. Y desde aquella vez, ya no tuvieron más noticias suyas. Hasta hoy…

“No supimos nada más de su vida, hasta que leímos la nota en NuevaZona, donde se contaba su historia: “Daniela, la mujer que resiste aunque los vientos de la vida soplen fuerte”, se titulaba nuestro informe.

De inmediato, Noelia se puso en contacto con el Hogar de Adultos del Castilla Mira, donde hoy vive Daniela. A las pocas horas, Noe junto a su mamá ya estaban en Viale, abrazadas y llorando junto a su gran amiga después de varios años sin verse, sin tener noticias.

Desde hace un tiempo, Daniela sigue su tratamiento y recibe apoyo. Tanto por parte del personal del Castilla Mira, como de Mirta (Promoción Social Municipal), Rosina y de mucha gente que le brinda cariño y contención.

“Cada 8 de agosto, fecha del cumple de Dani, yo le pedía a Dios que la protegiera. Y esté donde esté, que ese día no le faltara al menos un abrazo de cumpleaños”, recuerda Noelia Perazzo.

Hoy volvieron a abrazarse, a mirarse, a reír juntas, a recordar historias. A llorar. A prometer no volver a separarse. Porque, claro está, el amor no conoce barreras, kilómetros ni distancias.

(Fabricio Bovier/NuevaZona)

Del reencuentro participaron también la pequeña hijita de Noelia y la mamá