Joel, Anto y Carlitos se conocen desde muy chicos. Compartieron tardes enteras de bolillas, plazas y juegos. El barrio, para ellos, fue una gran casa que los albergó.

Durante toda la infancia y buena parte de la adolescencia, se hicieron inseparables.

Anto y Joel Bertoli son hermanos y desde el día que conocieron a Carlos Garavaglia, que vivía por entonces en el Hogar de Niños de Viale, forjaron una amistad más que duradera, eterna.

Sin embargo, un día Carlitos tuvo que partir del Hogar y de su pueblo. Dejar atrás las bolillas, las plazas y los juegos del barrio. Decirle adiós a la familia Bertoli, aquella que lo cobijó jornadas enteras con cariño y afecto.

El día de la partida, se prometieron no perderse, mantenerse en contacto y verse cada tanto.

Sin embargo, las cosas a veces no salen como uno las planifica. Y el inevitable paso del tiempo hace el resto.

Y el tiempo pasó…

Pasó un año. Pasaron 7. Pasaron 15. En total, casi 19 años sin verse, sin tener noticias unos de otros.

Hasta hoy.

Hacía un tiempo que Anto y su hermano Joel trataban de rastrearlo. Y, afortunadamente, un día pudieron contactarlo por las redes sociales.

A partir de ahí, volvieron a tener una comunicación más fluida, aunque de manera online.

Pero el gran reencuentro se daría hace unas semanas, en la Escuela donde Anto ejerce como Maestra Jardinera, ubicada en Colonia Avellaneda (Unidad Educativa N°25 «Juguemos en el Mundo»).

Una mañana, mientras ella estaba en el Jardín, se apareció Carlitos. Llevaba unos papeles de su hijo, quien este año comenzará en esa escuela. “Lo conocí enseguida; su cara era la misma de aquel nene que iba a jugar a mi casa de chiquito”, cuenta Anto en diálogo con NuevaZona.

“Fue muy fuerte ese reencuentro. No nos veíamos desde la escuela primaria, cuando  Carlitos se fue del Hogar. Más de 19 años sin tener noticias de él”, explica.

“Estuvimos hablando de todo un poco, fue muy emocionante. Encima coincidir en que su hijo vaya al mismo jardín donde yo trabajo. Muy fuerte”.

Después de ese primer recuentro, llegaría el segundo. Carlitos quería presentar a su esposa y su hijito ante Joel y su mamá Any.

Un domingo de diciembre, alguien tocó el timbre de la casa de Any en Viale. Era Carlitos y su familia. Volvía así a visitar a sus grandes amigos. Interminable fueron los abrazos aquella tarde. Interminables las charlas y los recuerdos.

“En la familia de Joel y Anto siempre me brindaron lo mejor y forjamos una amistad hermosa. El día que regresé a su casa me quedé hasta la noche, charlando de la vida y de nosotros”, contó Carlitos a nuestro medio.

“Tengo recuerdos muy lindos de mi infancia en Viale. Me gustaba mucho ir a la escuela con mis amigos y jugar en Viale FBC”.

Actualmente, Carlos vive en San Benito. Tiempo atrás se desempeñó en plantas de asfalto, supermercados y constructoras. Pero hoy vive de changas.

En diálogo con NuevaZona, el muchacho contó que algún día le gustaría conseguir trabajo en Viale.

“Viví desde los 5 años en el Hogar y hasta casi los 13. Prácticamente me crié allí. Y mi sueño es poder vivir otra vez en Viale”.

(Fabricio Bovier/NuevaZona)