Así describe Betti, a esa fiesta popular que hace muchas décadas fue una marca registrada en nuestra ciudad. Josefa «Betti» Tablada, era en aquellos tiempos una de las impulsoras de estos eventos y quien coordinaba la comparsa «Irupé», de la que por muchos años participaron muchos jóvenes que hoy ya son abuelos.
Se emociona mientras me muestra algunas fotos, que le pidió a una vecina que fue una de sus bailarinas en otra época, «las que yo tenía eran blanco y negro y se fueron deteriorando con el tiempo». Betti arrancó con esta actividad cuando tenía 20 años. Los Carnavales eran una fiesta indiscutida, organizada desde el municipio para disfrute de toda la población. Participaban muchas comparsas, recuerda algunas como «El globito» de Mabel Tropini, la que representaba a la cooperadora del hospital que dirigía la Dra Castilla, «Los descamisados de Juancho», entre tantas otras que se preparaban durante mucho tiempo y exigían que todos se esmeren para ganar los premios que se brindaban, que más que cosas materiales era el prestigio. Años más tarde, también creo una comparsa exclusiva de niños a la que llamaron «Carrusel mágico» y en la que bailaban todos gurises de la ciudad.
Betti, preparaba junto a otras madres, los trajes y vestidos para los que participaran. Y muchas tardecitas previas a la gran noche, reunía a todos los integrantes para preparar su actuación. Porque no era solo bailar, era realmente una representación, una especie de combinación de teatro y danza, que requería de muchas horas de preparación. Estandartes, accesorios, instrumentos. Recuerda que la banda sonora con la que contaba estaba conformada por los chicos de la Residencia Roque Saenz Peña. Lo más lindo tras cada año de comparsas populares y tablados de barrio, era la comida que luego compartían todos los integrantes. Un momento especial que esperaban durante todo el año.
Y me contó una historia que fue sumamente graciosa. Resulta que en su etapa más famosa, Gladis «la bomba» Tucumana, se vino a hacer una gira por Entre Ríos, y como coincidía con la fecha del carnaval, decidieron promocionar la fiesta diciendo que vendría «la bomba» a ayudar con el evento. Casi siempre los tablados eran con participación de instituciones que manejaban las cantinas, la entrada era gratuita pero lo que se vendía ayudaba a alguna cooperadora o barrio que realizaba el servicio durante la jornada festiva. Gladis, la famosa cantante, ciertamente andaba cerca de la ciudad, por lo que aquella broma cobró mucha relevancia y se anunció por varias emisoras, incluso la de LT14. Esto generó que tomaran dimensión de lo que sucedería y para no decepcionar a la gente, decidieron preparar a una «falsa bomba» que resultó ser uno de los hijos de Betti, a quienes vistieron con la clásica pollera amarilla y una rubia peluca. Esa noche la supuesta presencia de la cantante, hizo que viniera gente de otros departamentos y puntos de la provincia, y aunque fue un shock ver que la bomba tucumana no era más que una imitación chistosa, fue muy divertida la actuación y lograron que el show fuese un éxito.
Las calles donde desfilaban siempre eran 9 de julio y San Martín, y recuerda que en el último año, un accidente de tránsito en esa intersección donde habitualmente bailaban, en la que falleció un vecino de Viale, enlutó la ciudad. Y como acá todos nos conocemos, ya no hubo ánimos de retomar con las celebraciones el siguiente año.
Pero quedan los recuerdos, las fotos, las anécdotas. Hoy ya no cose trajes pero sí banderas. Forma parte de las Damas Patricias Entrerrianas que confeccionan banderas para donar a escuelas, comisarías, destacamentos y diversos establecimientos de la provincia.
Betti cumplió ya 70 años. Tiene una memoria envidiable y un sinfín de historias. Hoy me permite compartir con ustedes, su pasado más alegre, aquel donde fue una de las mujeres referentes de la comparsa vialense.